sábado, 13 de septiembre de 2014

Padres o propietarios? Angelo Scola

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imagende Angelo Card. Scola, Arzobispo de Milán
Algunos apellidos todavía revelan cómo el nombre del padre ha sido, durante siglos, el indicador de la identidad del hijo. En pueblos pequeños, como el mío, cuando dos o tres apellidos coincidían en toda la población, era normal que te identificaran con el nombre del padre: “Scola del Carlo”, me llamaban.
Hoy existen clínicas que proporcionan espermatozoides o óvulos, en muchos casos rigurosamente anónimos, a parejas estériles, con un variado surtido.
Sucede.
¿De quién son los hijos que nacerán de ahí? A pocos días de la sentencia del Tribunal Constitucional italiano que prácticamente ha abierto en este país la posibilidad de la fecundación heteróloga, un dramático suceso ha llevado esta pregunta a ocupar un primer plano, a la vista de todos, convirtiéndola en un ardiente tema de debate.
Para aclarar las cosas hace falta, en mi opinión, partir de un poco más lejos, de la llamada “revolución sexual” de los años sesenta, cuando mediante la contracepción química se hizo técnicamente posible separar el acto conyugal de la procreación. Más tarde, con los métodos de fecundación asistida, tal separación se amplió después, introduciendo de hecho la incertidumbre acerca del vínculo paterno-filial.
Los pasos de gigante dados por la tecnociencia han llegado incluso a desmentir la famosa sentencia latina: mater semper certa. La prensa italiana de los últimos días, comentando el doloroso intercambio de embriones en un hospital de Roma, ha lanzado una y otra vez, en diversas variantes, la misma pregunta: ¿vínculo afectivo o vínculo biológico? ¿Qué importa más?
El entusiasmo por las increíbles metas alcanzadas en las últimas décadas por el progreso científico ha dado lugar a lo que alguno ha definido con genialidad como el imperativo tecnológico: “Si se puede hacer, se debe hacer”. Un interdicto que rápidamente está suplantando todo imperativo ético, convirtiéndose en costumbre.
Sin embargo, antes aún que las decisivas cuestiones éticas puestas sobre la mesa por la fecundación heteróloga, hay que reflexionar sobre una capital cuestión antropológica: ¿lo que se obtiene es proporcionado a la verdad y a la dignidad del hombre?
Existe el riesgo de que, persiguiendo la realización del sacrosanto deseo de tener un hijo, se pierda por el camino la conciencia de que el hijo es un don y no el producto de un proceso.
Un dato fundamental de la experiencia humana común implica que el hijo sea concebido en una unidad inseparable de espíritu y cuerpo mediante un acto de amor conyugal. Si el hijo ya no es “recibido” sino “producido”, es inevitable que, como en todo proceso de producción, antes o después se plantee la pregunta relativa al “propietario”. Y las formas de este inquietante y siempre doloroso interrogante están destinadas a multiplicarse.
Hay también otro dato que la mayoría de las veces se silencia. Los análisis más profundamente rigurosos nos dicen que la vida toma forma en los cuerpos instituyendo una relación originaria entre la madre y el concebido, relación determinante para el desarrollo afectivo y la salud psíquica del niño. Además, si la familia, en virtud de sus dos diferencias constitutivas –entre el hombre y la mujer, y entre las generaciones–, es el seno donde toda persona florece y madura, ¿estamos seguros de que una vez desarraigada y “reconstruida” de otro modo sigue siendo capaz de realizar esta función que le es propia?
Pero, aún más allá, está la cuestión radical del significado de ser padres y madres. El hijo, desde el momento de su concepción, es “otro” respecto a sus padres, otro con la misma idéntica dignidad que sus padres. La concepción carnal, con toda su imponencia como “irrupción imprevista”, como un plus de amor en la vida de la madre y del padre, ¿acaso no es el signo más claro de tan irreductible alteridad? En su encuentro amoroso, los padres (la misma palabra lo dice) dan espacio a este “otro” para que pueda ser generado. Una apertura que remite al emblema mismo de lo humano: la libertad.
El hijo, por tanto, es siempre y ante todo un don. Nada debería oscurecer este dato.
Es deseable que, tanto en los debates públicos como en la vida de los esposos y de las familias, se profundice cada vez más en el derecho del hijo más que en el derecho al hijo.

domingo, 24 de agosto de 2014

Ucronia de Manolete. Antonio Burgos

 El caballo de bronce galopa en las Tendillas, que Gonzalo de Córdoba la cabeza ha perdido por una piconera de Romero de Torres y le han puesto una falsa, de mármol, de un califa, califa detl toreo en la ciudad de Góngora. De un casino de tratos y sillones de mimbre, de medios de moriles y culto a don Heraclio, ha salido a la una, con su chaqueta blanca, aquel que fue califa y aún ocupa su trono. Ha leído el diario donde Bernier ponía sus columnas antiguas de fustes califales, ha pasado los ojos que tantos toros vieron por esos telegramas que hablan de Almería, dos orejas, aplausos, las ferias del verano.Ha salido a la calle con el viejo desprecio de aquel que mira al mundo por encima del hombro. "Don Manuel, buenas tardes", quizá le ha saludado, uno de Bujalance que quiere ser torero, mientras va, despacioso, el bastón en la mano por calles que no saben ni que fuera Califa. Es Córdoba y verano, reloj por seguiriyas, muchachos que se bañan desnudos en el río. Del casino de siempre ya sale Manolete, olvidado, arrastrando sus pies por las aceras. Cual si fuera el estoque coge el puño de plata del bastón con que manda a este toro del tiempo
Manolete fue gente en esto del toreo, califa entre califas las crónicas decían. K-Hito, cuántos sobres, dejó su tauromaquia escrita en laconismo de parte de victoria. Tomó la alternativa al terminar la guerra. ¿Quién se la dio? ¿Chicuelo, quizá Queipo de Llano? No sabría decirlo, que no estoy muy seguro que no fuera testigo quizás Millán Astray. Torero de postguerras aquel Manuel Rodríguez. Divisiones azules de opinión de tendidos. Toreaba por alto y los brazos ponía como los falangistas cuando cantan el himno. Hierático, templado, dominó en el toreo, verticalismo puro, sindical, tan de Franco. Carteles mano a mano, Arruza, El Estudiante, Gitanillo y su arte, Luis Miguel señalando con su dedo de orgullo que no existen califas. Lo prefirió la gente a aquel Manuel Jiménez que inventó cómo un seise se abre de capote. Tuvo su pasodoble, cosa que no tenía ni Pepe Luis, que era la gracia toreando.
Este Manuel Rodríguez por las calles de Córdoba nos recuerda cortijos que en los lomos trajeron cien mil toros, salieron rodando con su espada. Los toros que quedaron en campos salmantinos salvados de peroles de ranchos milicianos. Torero de una España victoriosa, cautivos todos los enemigos que la Patria tenía. Corridas patrióticas, carteles con colores de banderas del Eje, brindando al Conde Ciano. Balañá, toros chicos, Matías Prats transmitiendo una manoletina igual que un gol de Zarra, y Camará firmando contratos imperiales en la España del cupo que dan esta semana del arroz racionado, las cartillas del hambre, los hoteles de lujo, coches de estraperlistas a los que llaman "haigas", carreteras de noche, este año cien corridas, y después lo de Méjico.
Se retiró del toro de amor por Lupe Sino, una mata de pelo, un perfume, una llave que abre discretamente la noche en los hoteles. Una boda oportuna, dicen sus enemigos, que hasta los victoriosos generales de África no escapan a las jachas, la lengua de la gente. Una boda oportuna, que vienen arreando un Manolo González con padre fusilado, Antonio Bienvenida, aún Domingo Ortega, y el hijo, tan torero, del Niño de la Palma. Volvió, mas fue muy breve aquella temporada. Eran otros los tiempos, de Pedrés y Chamaco. Retirado en sus campos ahora pasa los días. Si acaso, de mañana, se llega hasta el casino. Ya murió Lupe Sino, ya murió Doña Angustias. Tiene muchos cortijos por la parte de Palma, acciones en un banco, negocios del aceite, y ha comprado lo menos tres bodegas en Rute.
Tuvo muchas cornadas, como aquella en Linares. Lo salvaron las manos de Giménez Guinea y el plasma que trajeron de la explosión de Cádiz. Ninguna fue tan grave como ésta que lleva por Gondomar arriba, saliendo del casino. A sus ochenta años, encorvada la espalda, yo he visto a aquel califa por las calles de Córdoba. Va los pies arrastrando. Con su bastón de plata, Manolete resiste la cornada del tiempo...

miércoles, 20 de agosto de 2014

San Bernardo y aita

La visión de San Bernardo
Pietro Perugino, 1488
alte Pinakothet, Múnich 
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado por esa confianza a Vos también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, oh Madre de Dios, mis humildes súplicas, antes bien escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén

sábado, 16 de agosto de 2014

Ama y el mar

Y te vas... sintiendo las olas del mar
Como ellas, deseos que vienen y van
Señor llévame! Cansada me siento. Ya quiero acabar
También me da pena no estar, con
lo mucho y querido que Tu me has querido
dejar
Olitas que vienen y van

Begochu




30 de Septiembre 

lunes, 5 de mayo de 2014

La importancia de la ética personal contra la corrupción. Salvador Bernal



El futuro depende del avance en la ética personal, vía de solución radical para este tipo de problemas

A comienzos de mes, la Comisión europea, de acuerdo con el plan aprobado en 2011 de publicar cada dos años informes sobre la corrupción en la UE, difundió un estudio en términos francamente alarmantes. Me recordó un asunto pendiente: hacerme con el Real Decreto de 13 de febrero de 1867, que prohibió expresamente las recomendaciones en la Administración pública.

La antigüedad del texto me lleva a pensar en la escasa eficiencia de la organización y de las reformas legales para avanzar en este campo. Basta recordar que se han difundido en los últimos años estudios y medidas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la ONU (a partir de la convención contra la corrupción multilateral, UNCAC), y el Consejo de Europa (GRECO: Grupo de Estados contra la Corrupción).

Así lo confirmo −no por pesimismo− con las medidas adoptadas en España en este tiempo, incluida la creación de una fiscalía especial. Aunque, en realidad, no es fácil saber −tan penosamente lenta resulta la administración de justicia− si han aumentado o no los delitos tipificados en las leyes penales. Sí ha crecido, y no sin frecuentes desmesuras antijurídicas, la abundancia de información sobre hechos supuestamente condenables: salen día sí y día no en los medios, mientras trascurren meses y años de “instrucción”, sin sentencia judicial que anule la presunción de inocencia.

De hecho, en la opinión pública medida por el CIS −siempre con la duda de posibles injerencias en el trabajo de un organismo de titularidad pública tal vez innecesaria−, la corrupción es el segundo motivo de preocupación de los españoles; los políticos y los partidos aparecen en cuarta posición en el ranking, con tendencia al alza.

El informe de Bruselas, que se suma a los hasta ahora más conocidos −y quizá más elaborados− de la ONG Transparency International, no beneficia mucho a España. Deja un mensaje de fondo peligroso: “la corrupción sería un mal europeo”, que cuesta a la UE más de 120 billones de euros al año; ninguno de los 28 miembros de la Unión está a salvo del fenómeno, aunque varíe de un país a otro. De todos modos, es preciso poner en cuarentena datos de estas encuestas: contrasta la percepción global de la existencia de comportamientos corruptos, con el exiguo porcentaje −2%− de personas consultadas que reconocen haber tenido que enfrentarse con casos concretos de corrupción

Según un Eurobarómetro realizado a comienzos de 2013, el 56% de los ciudadanos de la UE piensa que la corrupción ha aumentado en los últimos años, y el 81% denuncia la existencia de vínculos demasiado estrechos entre políticos y dirigentes económicos. Desde el punto de vista de las empresas, el 75% de sus ejecutivos estiman que afecta a su propio país. “La corrupción socava la confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas y en el Estado de Derecho, daña la economía, y priva a los gobiernos de ingresos que necesitan desesperadamente”, lamentó Cecilia Malmström, Comisaria europea de asuntos interiores.

Lo difícil es modificar la tendencia. Ante las abundantes tentaciones derivadas del exceso de intervencionismo y gasto públicos −licencias, subvenciones, infraestructuras, servicios− forzoso es reconocer que la ética pública no avanzará por decreto, ni mediante la tipificación de nuevos delitos. Pero el ordenamiento jurídico puede contribuir a limitar esas tentaciones: por ejemplo, una regulación seria de las incompatibilidades, frente al tráfico de influencias; la supresión o limitación de inmunidades parlamentarias y fueros especiales; la revisión a fondo de las consecuencias de no cumplir las normas sobre financiación de partidos y sindicatos −incluidas campañas electorales, y fundaciones y asociaciones anexas−, más allá de las recomendaciones del Tribunal de Cuentas; los criterios de selección para ocupar cargos públicos; los requisitos de la contratación pública en las escalas estatal, regional y local, más aún en la actual coyuntura, en la que desciende la actividad.

No iría mal reducir las ocasiones de beneficiarse o beneficiar a los próximos con dinero público o de grandes corporaciones. Pero el futuro depende del avance en la ética personal, vía de solución radical para este tipo de problemas. Puede aprenderse en la escuela y en la familia, pero exige un cambio radical de ambiente, para que el cumplidor no sea despreciado como tonto o, peor aún, como puritano. Y, en el plano teológico, sería quizá preciso archivar teorías como la de las leyes meramente penales, quizá tan dañina en la práctica como el uso alternativo del derecho.

Salvador Bernal

domingo, 4 de mayo de 2014

San José


Me dijo mi padre una vez...
Que San José presida tu
casa y vida
Y ahí está desde ese día
Si llegas, en la entrada
Y si te vas, a la salida
Padre y Señor. Grandeza oculta
Fiel y dueño del buen amor

Begochu Ardanaz Acha


Fotografía. Iglesia del Señor San José, Sevilla