viernes, 14 de febrero de 2014

Tres consejos del papa a los novios. 14 de febrero

Opus Dei -
PRIMERA CONSEJO: REZAR A DIARIO PARA DURAR SIEMPRE

Es importante preguntarnos si es posible amarse "para siempre". Hoy en día muchas personas tienen miedo de tomar decisiones definitivas, para toda la vida, porque parece imposible... y esta mentalidad lleva a muchos que se preparan para el matrimonio a decir: Estamos juntos hasta que nos dure el amor.... Pero, ¿qué entendemos por " amor "? ¿Sólo un sentimiento, una condición psicofísica? 

Ciertamente, si es así, no se puede construir encima nada sólido. Pero si el amor es una relación, entonces es una realidad que crece y también podemos decir, a modo de ejemplo, que se construye como una casa. Y la casa se edifica en compañía, ¡no solos! No querréis construirla sobre la arena de los sentimientos que van y vienen, sino sobre la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios...

La familia nace de este proyecto de amor que quiere crecer como se construye una casa: que sea lugar de afecto, de ayuda, de esperanza... Así como el amor de Dios es estable y para siempre, queremos que el amor en que se asienta la familia también lo sea. 

No debemos dejarnos vencer por la " cultura de lo provisional". Así que el miedo del “para siempre” se cura día tras día, confiando en el Señor Jesús en una vida que se convierte en un viaje espiritual diario, hecho de pasos, de crecimiento común...

Porque el “para siempre” no es solo cuestión de duración. Un matrimonio no se realiza sólo si dura, es importante su calidad. Estar juntos y saberse amar para siempre es el desafío de los esposos cristianos. 

En el Padrenuestro decimos "Danos hoy nuestro pan de cada día”. Los esposos pueden rezar así: “Señor, danos hoy nuestro amor de todos los días.... enseñanos a querernos”.

El matrimonio es un trabajo de orfebrería que se hace todos los días a lo largo de la vida. El marido hace madurar a la esposa como mujer, y la esposa hace madurar al marido como hombre. Los dos crecen en humanidad, y esta es la principal herencia que pasan a los hijos.

SEGUNDA CONSEJO: APRENDER A CONVIVIR


“La convivencia es un arte, un camino paciente, hermoso y fascinante... que tiene unas reglas que se pueden resumir en tres palabras: ¿Puedo?, gracias, perdona. 

¿Puedo? Es la petición amable de entrar en la vida de algún otro con respeto y atención. El verdadero amor no se impone con dureza y agresividad. San Francisco decía: La cortesía es la hermana de la caridad, que apaga el odio y mantiene el amor.

Y hoy, en nuestras familias, en nuestro mundo, a menudo violento y arrogante, hace falta mucha cortesía. 

Gracias. La gratitud es un sentimiento importante. ¿Sabemos dar las gracias? Es importante tener presente que la otra persona es un don de Dios, del que siempre debemos dar gracias. Una vez una anciana de Buenos Aires me dijo:la gratitud es una flor que crece en terreno noble.

En vuestra relación ahora y en vuestra futura vida matrimonial , es importante mantener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios... y a los dones de Dios se dice “gracias”. No es una palabra amable para usar con los extraños, para ser educados . Hay que saber decirse gracias para caminar juntos.

Perdona. En la vida cometemos muchos errores, nos equivocamos tantas veces. Todos. De ahí la necesidad de utilizar esta palabra tan sencilla: "perdona”. En general, cada uno de nosotros está dispuesto a acusar al otro para justificarse. Es un instinto que está en el origen de tantos desastres. 

Aprendamos a reconocer nuestros errores y a pedir disculpas. También así crece una familia cristiana. Perdóname que he levantado la voz. Perdóname que haya pasado sin saludarte. Perdóname por llegar tarde, porque esta semana he estado tan silencioso, por no haberte escuchado, porque estaba enfadado y te lo he hecho pagar a ti… Todos sabemos que no existe la familia perfecta, ni el marido o la mujer perfectos. Existimos nosotros, los pecadores. 

Jesús, que nos conoce bien, nos enseña un secreto: que un día no termine nunca sin pedir perdón, sin que la paz vuelva a casa. Si aprendemos a pedir perdón y perdonar a los demás, el matrimonio durará, saldrá adelante.

TERCER CONSEJO: BODA SOBRIA

La celebración del matrimonio debe ser una fiesta, pero una fiesta cristiana y no mundana. Lo que sucedió en Caná hace dos mil años, sucede en realidad en cada fiesta nupcial. Lo que hará pleno y profundamente verdadero vuestro matrimonio será la presencia del Señor que se revela y nos otorga su gracia. 

Al mismo tiempo, es bueno que vuestro matrimonio sea sobrio y destaque lo que es realmente importante. Algunos están muy preocupados por los signos externos: el banquete, los trajes... 

Estas cosas son importantes en una fiesta, pero sólo si indican el verdadero motivo de vuestra alegría: la bendición de Dios sobre vuestro amor. Haced que como el vino de Caná, los signos externos de vuestra ceremonia revelen la presencia del Señor y recuerden a vosotros y a todos los presentes el origen y la razón de vuestra alegría. El señor multiplicará vuestro amor y os lo dará fresco cada día: ¡tiene una reserva infinita! 

San Josemaria y el 14 de febrero




Sucedió el 14 de febrero de 1930
Como sabemos, a  San Josemaría no le gustaba hablar de estos momentos íntimos en que el Señor le dio a conocer su Voluntad. Sin embargo, a veces ‑por indicación expresa de la Santa Sede y también por la insistencia de los socios de la Obra‑ relataba algunos detalles, para que supieran dar gracias a Dios, por la misericordia que mostraba hacia los hombres. Así, en una ocasión evocaba:


Para que no hubiera ninguna duda de que era Él quien quería realizar su Obra, el Señor ponía cosas externas. Yo había escrito: "Nunca habrá mujeres ‑ni de broma‑ en el Opus Dei". Y a los pocos días... el 14 de febrero: para que se viera que no era cosa mía, sino contra mi inclinación y contra mi voluntad.


Yo iba a casa de una anciana señora de ochenta años que se confesaba conmigo, para celebrar Misa en aquel oratorio pequeño que tenía. Y fue allí, después de la Comunión, en la Misa, cuando vino al mundo la Sección femenina. Al acabar, me fui corriendo a mi confesor, que me dijo: esto es tan de Dios como lo demás.

14 de febrero de 1943
Recé con confianza e ilusión, durante tantos años, por los hermanos vuestros que se habrían de ordenar y por los que más tarde seguirían su camino; y recé tanto, que puedo afirmar que todos los sacerdotes del Opus Dei son hijos de mi oración".

Jesús del Buen Amor y mi padre Berna




  
Cogidita de su mano conocí
a Jesús Crucificado.
Me llevaba con frecuencia
a visitarlo.
Rezagada y temerosa observaba
como sus pies besaba emocionado

Hija, en la penas y alegrías...

Cierto día me contó:
"Corrí hacia El enamorado, a dar
 las gracias por el sí que tu madre
 me había dado...


Hija, en las penas y alegrías...

Hoy visito con frecuencia a Jesús
Sacramentado, de mi padre y mio.
Por los dos amado y le doy las gracias
en lo bueno y lo malo.

Begochu, 2014

jueves, 13 de febrero de 2014

Verbos tertulianeses. Antonio Burgos

Verbos tertulianeses


 Mis queridos alumnos de Segundo de Tertulianés: como bien saben, en perfecto Tertulianés el adverbio "hoy" no se pronuncia así. Se dice "a día de hoy", más propio de platós y micrófonos. Pues no es lo mismo "no tener hoy un euro" que "no tener un euro a día de hoy". Con esta última frase parece que se derrama mucha más tiesura, que se está más a dos velas que la barca que servía de armas nobiliarias del genio a los hermanos Alvarez Quintero. Pues bien, "dicho lo cual" y puesto "negro sobre blanco" lo que acabo de verbalizar, trataré de explicarles que en Tertulianés "decir" no se dice "decir". ¡Digo! En Tertulianés, "decir" es "verbalizar", mucho más complicado y cursi. Y con "verbalizar" queda la gente como aquel cateto de un pueblo de Sevilla que oyó en un discurso de don José Utrera Molina la brillante oratoria orteguiana de quien entonces era gobernador civil, y dijo al salir del acto de entrega de llaves de los pisos sindicales que se hartó de construir el coherente falangista malagueño:
-- No me he enterao ni de papa de lo que ha dicho este tío. Ahora, que ¡vaya piquito de oro tiene el gachó!

En el piquito de oro del Tertulianès y en el piquito de la muleta de no arrimarse a los temas ni pasárselos por la faja ofreciéndoles la femoral, el sistema verbal es fundamental. El Tertulianés ha creado sus propios verbos. No, no rumoricen sonorizando su preocupación, que no son tan complicados como los verbos irregulares ingleses. Los verbos tertulianeses son como los españoles, pero haciéndolos terminar en "-izar". A ver, que un alumno levanta allí la mano. ¿Quiere usted interrogacionar?

-- Sí, señor profesor. Que si los verbos tertulianeses terminan en "-izar", ¿es que son acaso una bandera?

En parte, estimado alumno, afirmativizo su interrogacionación. Son una bandera, pero bandera de la memez y del atrevimiento a opinar de todo, como nos enseñó nuestro Venerable Fundador, el Doctor Liendre, "que todo sabe y de nada entiende". Más que de izar, los verbos son de arriar: de arriar bandera en la precisión y economía del lenguaje. Pero continuemos explicacionando con casos prácticos. Lo que he hecho hasta aquí ha sido "ponderizar", que no ponderar, la importancia de los verbos en nuestra lengua. Quiero ofertarles un ejemplo, verán qué piquito de oro tengo, como que no sé cómo no estoy como un cigarrón pegando saltos de tertulia en tertulia:

"No hay que relativizar el hecho de la importancia de nuestros verbos tertulianeses, sino que por el contrario, y hasta donde yo sé, hay que priorizar y objetivizar, e incluso diría que solemnizar su fundamental relevancia."

-- ¿A día de hoy, señor profesor?

"A día de hoy", naturalmente. Se ve que aprende. Ha verbalizado usted una locución adverbial característica. Que por cierto recuerda, lagarto, lagarto, lo de "en el día de hoy" de un Parte de la Victoria del que va a hacer 75 años en abril y que nadie quiere recordacionar ni focalizar, ni siquiera los que se dedican a guionizar la Historia para reescribirla a su conveniencia.

Hay que tertulianizar, pues, los verbos para encontrarles su perfecta expresión. Hay que buscar su gilipollización más absoluta. "Parar", por ejemplo, no es "parar": se dice paralizar. "Culpar" no es "culpar": debe decirse correctamente culpabilizar. Y como para muchos "abrir" no es "abrir", sino especialmente para los bancarios "aperturar", deben advertirles que lo correcto es "aperturizar". Con lo cual habremos llegado a encontrar solución al gravísimo problema de las lenguas peninsulares, queridos alumnos, que es donde quería direccionalizar mi pensamiento. Ni hay que castellanizar Cataluña ni hay que catalanizar España. Hay que tertulianizar el mundo, con el mismo ardor con que Colón, tras descubrimientizar América, imposicionó la española como lengua vehicular de todo el Nuevo Mundo. He diccionado.

Ver al toro. Andrés Amorós

A pesar de las plumas antitaurinas y de la ausencia hoy de grandes figuras del toreo, la verdad es que la plaza de Las Ventas se llena casi todos los días, que es muy difícil conseguir buenas entradas, que los periódicos dedican a la fiesta más páginas y que se palpa un ambiente de fervor inusitado desde hace años. Esto, por supuesto, no cabe atribuirlo al turismo, sino al público madrileño, joven y viejo, que vuelve a los toros o los descubre.Todo ello puede tener un inconveniente: me temo que muchos espectadores no saben ver el toro. En efecto, en los toros, como en cualquier arte (recuerdo el libro de Marangoni Sapere vedere), no basta con mirar: hay que saber ver.

No saben ver el toro, por ejemplo, los que acuden a la plaza con una idea preconcebida -buena o mala- sobre un torero y no atienden a la res que le ha correspondido para apreciar cómo la lidia.
Hemos vivido hace poco años de abundantes corruptelas en la fiesta, y algunos críticos han hecho un gran servicio denunciándolas; pero me temo que eso ha degenerado hoy en muchos tópicos. Todas las tardes oigo los mismos gritos en la plaza, sin atender a los problemas peculiares de cada toro. Se pide indignadamente la devolución de un toro sólo porque es manso. Como si no hubiera habido siempre toros mansos -y antes muchos más que ahora-, que también tienen su lidia. Entre mis más hermosos recuerdos de aficionado están las faenas de Luis Miguel, de Paco Camino, a toros absolutamente mansos, a los que consiguieron dominar con valor y técnica.

Muchos de los gritos que oigo se deben, creo, a puritanismo más que a auténtica exigencia. Y todo puritanismo me parece además  de falso.

He visto no pocas corridas al lado de gente que sí sabía de verdad de toros: matadores, ganaderos, hombres del campo... ¿Se Imaginan, por ejemplo, a Domingo Ortega denunciando cojeras o dando mítines mientras un torero está toreando? Claro que no: se refugiaba detrás del ala de su sombrero y miraba al toro. Simplemente eso. Claro que él no necesitaba presumir ni demostrar a nadie lo que sabe de toros.

Casi todos los que asisten a un partido han jugado al fútbol alguna vez, le han dado patadas a una pelota de chicos. Saben apreciar muchos el mérito que tiene un regate, un quiebro de cintura, un pase largo. Temo que no suceda lo mismo con el público de toros. Muy pocos espectadores han intentado darle un pase a una becerra o, simplemente, conocen un poco el toro en su auténtica realidad: el campo. Ese es el quid de la cuestión.

No estoy pidiendo juicios más benévolos. No se trata de eso, sino de atender a la lidia que hay que dar a cada toro. Por eso me sorprende que un público tan gritador como el actual de Las Ventas no reciba con una ovación -por tantas razones- a Antoñete, no aprecie el mérito de la brega de Chaves Flores a su edad o el de Rondeño enfrentándose de salida a un manso peligroso; por otro lado, me asombra también que no pite a los matadores cuando dejan que los peones les saquen las castañas del fuego en los momentos de apuro o cuando son los culpables -ellos, no los picadores- de que se castigue desmesuradamente a sus toros.

Vuelven hoy a la plaza algunos escritores, y esto tiene también sus riesgos. El primero, que vayan a la plazápara escribir más que para ver; como aquel ilustre profesor que iba a los conciertos buscando inspiración para escribir sus aforismos filosóficos...

Recuerdo una frase de Menéndez Pelayo sobre Fernán Caballero: «Un velo de idealismo sentimental parece interponerse entre sus ojos y la realidad». Así sucede también con algunos de estos escritores: la idea previa que tienen les impide abrir los ojos y ver con ingenuidad, con senlibilidad.

La lidia, corno todo, tiene sus reglas, y el que las desconoce corre el riesgo de desbarrar si se lanza -como es frecuente, por otro lado- a formular brillantes teorías sociológicas, éticas, psicológicas... Los españoles que van a Estados Unidos suelen admirarse ante la monotonía del baseball o el football americanos. Los que no conocen las reglas del fútbol se sorprenden de que alguien se apasione por ver a unos señores en calzoncillos corriendo detrás de una pelotita.

He oído que la fiesta está muerta. Como dice la frase atribuida al Tenorio, pero que no está en él: «Los muertos que vos matáis ... ». He leído que hoy es un anacronismo. (Lo mismo decía Luis Miguel, pero con más ironía, del traje de torear.) ¡Por supuesto! En ese sentido, ¿no son anacronismos también la ópera, el ballet, el teatro en verso, etcétera?


La otra tarde, poco antes de la corrida, diluviaba. Me disfracé de pescador cántabro, con chubasquero y capucha, y me fui para la plaza. Pensaba que estaba loco y que me podían dar una medalla al mérito del buen aficionado: exponerse a una pulmonía después de haber visto tantas veces a Curro Romero... Al entrar vi una figura delgada con gabardina: José Bergamín. Más allá, la gorra hípica de Fernando Savater. Luego, la noble melena blanca del maestro Luis Calvo... Repitámoslo una vez más y todas las que hagan falta: ver el toro, disfrutar viéndolo, no es patrimonio exclusivo de reaccionarios iletrados ni golpistas castizos.